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El 13 de junio de 1967 comenzó a funcionar el planetario "Galileo Galilei" de la ciudad de Buenos Aires, con el cometido de acercar el conocimiento del espacio a la gente común, un concepto que últimamente se ha ampliado a públicos no habituales, como no videntes e hipoacúsicos.
Situado en Palermo, el planetario porteño fue diseñado por el arquitecto Enrique Jan con una cúpula de hormigón armado de 23 metros de diámetro y una sala para 360 expectadores.
Saber que la Tierra no está en el centro del Universo, que gira alrededor de una estrella de una de las 100 mil millones de galaxias, ayuda a comprender el lugar que se ocupa en el mundo y a la vez, a dimensionar la potencia del conocimiento humano; a ambas cosas apuntan las funciones del Planetario.
La idea de que Buenos Aires contara con un Planetario comenzó a gestarse en 1958 por iniciativa del concejal socialista José Luis Pena y del secretario de Cultura del Municipio, Aldo Cocca.
Las obras de construcción comenzaron en 1962 y los trabajos estuvieron a cargo de la Compañía de Construcciones Civiles S.A.
Su entonces director, Antonio Cornejo, fue el primero en encender las estrellas: lo hizo el 13 de junio de 1967. De ese espectáculo inaugural participaron alumnos del Comercial 1 de Banfield y del Colegio Sagrados Corazones, de la Capital Federal.
Cornejo les mostró el cielo que esa noche tendría Buenos Aires, la Antártida Argentina y el polo; y les enseñó la forma de orientarse mirando la Cruz del Sur.
La apertura definitiva para el público en general se realizó el 5 de abril de 1968.
El edificio consta de cinco pisos, seis escaleras (una helicoidal) y una sala circular de 20 metros de diámetro con 360 butacas reclinables. Su cúpula semiesférica tiene 20 metros de diámetro y está recubierta interiormente con chapas de aluminio, que sirven como pantalla.
En el centro está ubicado su corazón: el auténtico planetario. Este instrumento, de 5 metros de altura y 2,5 toneladas de peso, tiene cien proyectores. Consta de un armazón cilíndrico con proyectores independientes para la Luna, el Sol y los planetas visibles a simple vista -Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno- y dos esferas que proyectan 8.900 estrellas.
Un sistema de proyectores y equipos láser dirigidos a esa cúpula brindan diversos espectáculos sobre la conformación del universo, con la exhibición de 8.900 estrellas fijas, constelaciones y nebulosas.
La semiesfera está montada sobre una red de 5.300 barras de acero interconectadas, planchas de aluminio y madera, vidrios curvos y una base de hierro en forma de U, es decir, seis triángulos equiláteros cuyos vértices dispuestos hacia adentro dan como resultado un círculo.
Casi 10 millones de personas ya vieron alguna de las 25.000 funciones que se brindaron durante casi cuatro décadas.
En el museo del primer piso se expone una roca lunar que trajo a la Tierra la misión Apolo XI. Fue un regalo del ex presidente estadounidense Richard Nixon.
En las lajas del camino de entrada, traídas de Neuquén, se pueden encontrar amonites, fósiles marinos extinguidos hace alrededor de 100 millones de años; y en la explanada de acceso, se puede apreciar un meteorito metálico encontrado en 1965 en la provincia del Chaco.
El Planetario desarrolla, además de clases magistrales para escolares y actividades para la gente común, programas especiales para públicos no habituales, como no videntes e hipoacúsicos.
Las funciones para ciegos consisten en una idea absolutamente novedosa en Latinoamérica: "ver" las estrellas con el oído.
Para esto se traducen a sonidos la magnitud aparente de las estrellas y demás objetos celestes del cielo. Mediante un sistema tridimensional (u holofónico), que posiciona los sonidos en el espacio, el visitante puede tener una idea de dónde está ubicada cada estrella en el cielo, respecto de los demás objetos celestes.
Para una percepción del audio sin distorsiones, se utilizan auriculares digitales abiertos que no sólo toman la emisión interna (vía frecuencia modulada) sino también la del ambiente.
En todo momento, se puede seguir el recorrido a través del cielo guiado por un mapa táctil, montado sobre una semiesfera de acrílico, en la que cada estrella está representada por un punto en relieve, con su referencia en braille.
El programa de espectáculos para públicos no habituales incluye funciones para sordos, que son subtituladas, traducidas al lenguaje de señas y complementadas con imágenes. Un aro magnético amplifica el sonido y facilita la audición mediante audífonos.
Ambos programas responden a la idea de que el conocimiento es un bien social, por lo que se han eliminado todas las barreras que limitan el acceso del público con necesidades especiales.
Estas funciones se realizan previa concertación telefónica (TE: (O11) 4771- 9393 y 4776-6895), en días u horarios a combinar. (Télam). 12/06/06
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